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Mostrando las entradas etiquetadas como Mago

El Cuaderno

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Las dos niñas jugaban con los tallos de papiro y las huellas de la lluvia mientras comían fresas, en el patio del jardín, y a la hora en la que el sol le brindaba un último estallido luminoso al día que ya terminaba. Allí, bajo el beso sano y el anhelo febril de la luna se divertían, cuando su padre, el Archimago, llegaba nuevamente como todas las tardes desde la Academia. Esta vez, sin embargo, no hubo llamado ni abrazo de parte de él, que se limitó simplemente a detenerse un instante, observarlas, sonreír, y agradecido internamente por la presencia de ellas en su vida se sumergió en la casa en silencio, con su cuaderno de notas sostenido firmemente en el pecho. — Papá eztá tizte… — dijo la más pequeña de las dos, Aleg. — Eso parece… — secundó la mayor, Alej, mientras un sapito se liberaba de sus manos y buscaba refugio debajo de una piedra en los matorrales. Las niñas se quedaron analizando aquello. Era un fenómeno raro de la tarde la mirada ausente del Archimago. — A lo mejor tiene ...

El zorro y las uvas

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Cuando el Capitán Zieg fue encomendado por el tirano Rey de Sílice, a conquistar para él los secretos encantados del Bosque de Dad-Sloé, se hizo porque hasta cierto punto, aquel cretino gobernante confiaba en la intuición natural de este guerrero. Sin embargo, tal y cómo reconocen los pocos lugareños de aquella región, sin importar que tan sabio y astuto sea el que venga con intención de apropiarse de aquellos arcanos secretos, los verdaderos dueños de aquel lugar siempre estarían al tanto de lo que sucede, y encontrarían la forma, no solo de librarse de los necios, sino de burlarse de aquellos tentativas de control. Había que vivir con respeto de lo sagrado en aquel rincón de la naturaleza. Así fue como se hizo conocida por todos, la anécdota. Llegaron apenas un día por la mañana, y establecieron un campamento mientras el sol les sucedía. Los aldeanos, gente humilde, poca y sumisa, les sirvieron lo mejor que podían pero sin tener demasiada fe en ellos. Por suerte, aquella vez solo hab...

El mago ensayista

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  A menudo señalo el hecho, y no es más que una opinión íntima y personal, que el ensayo me parece el género literario más difícil de todos. Cada género literario tiene su paradigma, y su idiosincrasia, y plantea diferentes retos al objetivo de expresar por escrito lo que se tiene en el pensamiento. El universo abstracto de la mente humana en letras. Lo digo desde la experiencia personal de haber escrito en los tres enfoques. Para cada uno hay una cierta disposición mental, un cierto estado del alma, del espíritu y de la mente. Pero el ensayo, quizá en mayor medida que la narrativa o la poesía, es el que más construcción exige. El que requiere de una cuidadosa y delicada revisión y ajuste milimétrico, que a veces no se presenta en otros géneros literarios que pueden reposar la técnica en ser más “espontáneos”. Laurent Gounelle afirmaba, comparando al ensayo con la novelística: "El ensayo se dirige más a lo mental, mientras que una novela se dirige a la mente y al corazón a un ...

El sello de cera

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En la ciudad de Terence, más específicamente en los jardines de la Academia donde los magos acuden a veces a meditar, sucedió una vez cerca de la fuente tranquila, que un mago joven, llamado Iwa, tuvo un destello de compresión arcana sobre un viejísimo y secreto ritual. Nadie se dio cuenta del evento hasta minutos después, cuando lo vieron caminar ansioso e inquieto a través de la orilla del lago. Aun así, pocos hubieran sospechado que la razón de que él se sostuviera las sienes, nervioso, era por haber dado causalmente con un gran descubrimiento. En el claustro, que oportunamente siempre tenía la cara sur orientada a los jardines, los magos que cotidianamente saboreaban el té con durazno en el disfrute de la tarde, notaron que Iwa estallaba en una mal disimulada alegría, para luego dar una carrera solitaria a través del pasillo hacia la biblioteca. Al rato regresó, cargado con elegante papel nuevo, tintas especiales, velas plateadas, y otra variedad de enseres menores. Se sentó cerc...

Procyon

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  Contigo nadie tiene corazón cachorrito de spitz, Procyon.   Perro yuso y desventurado. Mientras otros chuchos cazan osas pequeñas, y libertas raposas, o liebres cósmicas sensuales,   tú debes conformar tu atención en vigilar tus fragmentos astrales. Tu compañero tiene nombre de payaso borracho y pobre de los carnavales.   Pero yo te adopto fiel amigo, modal lazarillo del mago, tu no pides casi nada:   solo un poco de real cariño, un huesito de lo que hago, y que nunca te suelte una patada. Carlos García Torín  Para leer más: Las Estrellas Han Cambiado Caer el rayo

Abejas de fuego

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Por Carlos García Torín                En la ciudad de Terence, el reino más importante de Arthe, sucedió hace tiempo, — tanto que la ciudad todavía no tenía nombre que alguien recuerde y la Fuente de La Sirena estaba reciente en su lugar frente a la entrada del nuevo palacio — que el joven príncipe de la ciudad llegó a mediodía en su caballo, probablemente de una partida de caza en la que no hubo éxito. Tomó de la alforja del caballo una polvorienta copa de plata y se acercó a beber de la fuente. Cuando metió sin prisa la mano en la fuente, al mismo tiempo vio una pequeña nebulosa, diminuta y dinámica abeja bajo el agua, que sin darle tiempo a reaccionar se posó en su mano sumergida y le picó, estallando luego en una llama acelerada y fugaz bajo el agua misma, extinguiéndose. Al príncipe aquello le pareció extraño y doloroso, pero como no sabía explicarlo, de momento lo dejó así. Así lo cuenta la joven maga que desde el otro lado de la fuent...

Alesussan

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  Por Carlos García Torín El Archimago tiene dos hijas: Alej y Aleg. En casa del Archimago las niñas reciben su educación, la mejor que un padre puede brindar, pero aun así van a la escuela para leer y escribir, sumar y restar, como todos los niños de la ciudad de Terence. Por las mañanas, la mayor de las dos, Alej, se prepara para ir y a la vez acompañar a su hermana menor. Es la más responsable, y sin embargo la más traviesa, la que de vez en cuando prepara las aventuras en las que se meten ambas hermanas. Ese día en la mañana el Archimago se despidió de las dos con un beso, confiado que estaría bien ir a la escuela por sí mismas. Nada de eso fue ningún problema, porque Alej, como hija mayor preparó todo correctamente. Aleg también estaba satisfecha del desayuno y siempre parecía emocionada. Solo tenían que atravesar el mercado, dos calles hacia el norte y luego el Puente de la Encina, desde donde su padre en la parte alta de la torre principal de la Academia, sin que ellas lo su...